La estupidemia de la televisión

Por: Miguel Villaverde

28/05/20

Si rebuscas bien, en un rincón escondido, en la parte final del Artículo 14º de la Constitución Política de 1993, encontrarás esta frase: “Los medios de comunicación social deben colaborar con el Estado en la educación y en la formación moral y cultural”. Por obvias razones, los programas realities no responden a esta premisa.

Una vez más, la controversia de los programas de televisión llamados realities y el contenido altamente sugestivo, irreal y poco cultural que contienen, habitualmente llamados “programas basura”. ¿Son necesarios los programas de este tipo?.

Ayer a una señora en la tienda le pregunté:

  • ¿Está deacuerdo con este programa?
  • Si no les gusta, cambia de canal y listo. Me respondió.

No creo que sea la respuesta más adecuada.

El periodista Cesar Hildebrandt considera al respecto, que el papel de la radio y televisión ha sido decisivo, pero a su criterio “son maquinarias perfectas de estupidización colectiva”. “Nada más parecido a un festival de babuinos trapecistas que ‘Esto es guerra’ o ‘Combate’. Por eso es que los gimnasios están llenos y las bibliotecas vacías. El mensaje es claro: la imbecibilidad es rentable”. Me pregunto a mí mismo: ¿Qué haríamos con el Art. 14º de la Constitución antes citado? La cosa no es tan simple.

El que tiene la posibilidad de estar frente a una cámara de televisión, un micrófono de radio o cualquier otro medio de comunicación, automáticamente tiene en sus manos un poder diferente al resto, es el poder de comunicar, de transmitir un mensaje a la gente. Por más chico que sea un programa de TV o de radio, o una columna en un diario, siempre habrá alguien que lo vea, que lo escuche o que la lea. Es decir, se comenzará a formar una audiencia en torno a esa persona y a sus opiniones.


Es muy cierto que los medios de comunicación (salvo los estatales) son negocios privados, y como tales buscan incrementar su rentabilidad, lo hacen a través del morbo que genera rating y de la publicidad y/o anunciantes. Es decir, generar dinero para pagar las planillas, hacerse de equipos, mantenimiento de instalaciones y, en general, más ganancias para los dueños. Pues, los segundos en televisión cuestan y el precio varía dependiendo del horario en que se elija transmitir. Aquí literalmente aplica el dicho “el tiempo vale oro” y es lógico que traten de aprovecharlo lo más que se puede. Pero no todo en este mundo es dinero y creo firmemente en que uno de los objetivos del ser humano es hacer algo por su país. Ello implica no ser egoísta y ser más solidario, aunque a veces parezca algo imposible.

Es así, cómo el pasado lunes 27 de mayo, ‘Esto es Guerra’ regresa a las pantallas luego de varios intentos fallidos. Ya había anunciado el espacio televisivo de América TV, que cambiarían de formato del reality “EEG”: en vez de un bien económico para los integrantes, dicho dinero se donará a las familias más necesitadas y afectadas por la pandemia del coronavirus. No suena tan creíble.  



Entonces, la respuesta no es “si no te gusta cambia de canal”, la respuesta debe ser “me pongo la camiseta y colaboro, dejando de pensar en mí para pensar en los demás”. Porque necesitamos otro tipo de programas. Creo que es justo el clamor colectivo de apagar nuestros televisores a esa hora. Eso es ser buen peruano.

Autor

Miguel Villaverde Cisneros
Miguel Villaverde Cisneros
Analista Político

Especialista en Gestión Pública
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1 comentario para “La estupidemia de la televisión”

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